martes, 28 de abril de 2009

La Prestigiosa Universidad Peruana Cayetano Heredia se Complace en...


Luego de 7 años de pertenecer a una casa de estudios de tanto prestigio como era la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH), llegó el momento de retirarnos, agradecer a nuestra alma mater por la educación impartida y convertirnos en doctores (al fin). Había llegado el momento de la graduación, que en la UPCH es como ninguna otra, todos juntos por última vez en la Facultad de Medicina Alberto Hurtado del Rímac, todos juntos por última vez en la universidad que nos acogió tantos años, tan llena de recuerdos de los primeros días, bajo el "árbol de la perdición", donde pasábamos horas tendidos en el pasto, bajo su sombra y tutela, haciendo las tareas de mate, estudiando las interacciones medicamentosas, cubiertos de hormigas y felices, visitando los pisos donde nos hartábamos a diario de los cursos poco interesantes (salud pública a la cabeza), usmeando en los laboratorios de histología y el anfiteatro, que apesta eternamente a formol y grasa, donde más de uno decidió que medicina no era su verdadera vocación. Ah, la universidad, la canchita de los partidos de anatomía, de las cachimbadas, de la velada y de pura diversión y entretenimiento deportivo; "el weving" o "el woo", ahora sin la alfombra pulguienta y cochina donde se hacían los trabajos de arte a última hora y se ensayaban las primeras exposiciones grupales, con la oficina de Milagritos Dextre, al costadito no más, con las computadoras para el que no había hecho la tarea o para juntar los trabajos, donde solo tenías que llevar un par de hojas bond y te imprimían gratis. No como en "Karina", la fotocopiadora que nos entregó desde los cuadernillos de mate hasta las copias del ENAM del año anterior. Rodeados de cono norte limeño, felices todos pese a los asaltos del puente que cruza la Panamericana Norte cuando te regresas a tu casa a las 6 de la tarde, ahí mismito, en la avenida Honorio Delgado, tan lejos de estar seguros nos graduaríamos un sábado en la tarde, como era costumbre con uno que otro interno/externo colado desde el Hospital Nacional Cayetano Heredia.
Qué más se podía pedir! Ya lo teníamos todo! Amigos, conocimiento, prestigio y una barbaridad de horas de práctica. Personalmente siempre pensé que el cariño sería recíproco, total, son 7 años! Faltaban 3 semanas para la graduación, para que nos digan doctor o doctora con todas las de la ley, para pisar el campus por última vez todos juntos. Entonces nos comunicaron que la graduación sería en el Centro de Convensiones del Colegio Médico del Perú en Miraflores un domingo en la mañana. Qué pasó! ... la universidad no tiene dinero... para... un toldo? No, no tenemos dinero lo sentimos así se ha dispuesto, el Colegio Médico es más barato, sus 24 millones de soles invertidos en la UPCH a lo largo de los 7 años de estudio han... desaparecido? Los 238000 soles que debieron ser abonados para sacar título y bachiller... no son... suficientes? No, así se ha dispuesto, gracias por su comprensión.
La verdad es que nadie entendió nada, mucho menos cuando la rectora de la UPCH, la Dra. Fabiola Leon - Velarde salió en televisión emocionadísima por los no se cuántos millones donados para la investigación de no se cuántas patologías en no se cuántas regiones del Perú. No hubo mucho más que hacer, excepto acatar las ordenes, molestarnos mucho y resultar impotentes para cambiar el mundo.
Finalmente nos graduamos, en una maravillosa ceremonia donde todo el mundo se emocionó y estuvo feliz igual, en un gran anfiteatro con cómodas butacas y aire acondicionado, con discursos que nos arrancaron lágrimas... esto hasta que nuestro decano arrancó con lo de los 7 saberes que... pero en fin, realmente uno de los momentos más gratos de nuestras vidas, pero donde siempre quedará la duda de: qué demonios hicieron con 24 millones 238 mil soles!

sábado, 25 de abril de 2009

clave 1: médicos... en serio? médicos?


 Ayer vi mi primer capítulo de Clave 1: Médicos en Alerta. Harta espectativa se iba creando entorno a esta nueva miniserie de Frecuencia Latina, una especie de ER, Chicago Hope (tantísimos años que caducó), House, Grey's Anatomy, Scrubs y cuanta serie médica haya existido; pero "realista", peruana, con mechas entre trincheras futbolísticas, atropellos de carretera a la orden del día, choros, vedettes, chollywood en general y bueno, imaginé también que escacés de recursos, "dr, no tengo plata", pacientes faltosos, la enfermera que nunca te quiere prestar tantito de cloruro de sodio para que no se te muera el paciente hipovolémico, las manchas de sangre, la mugre, las cucarachas, en fin... la vida de un hospital del estado con todos los que lo conforman. 
Para mi sorpresa, se trataba de un ambiente inmaculado, pulcro, descente, tópicos individuales para cada paciente que llegaba siempre de a uno, sin familiares en la puerta gritándole al wachiman que no los quiere dejar entrar, sin pacientes gritando que no pueden utilizar su SIS y no tienen plata, esperando que les resuelvas todo, sin el interno corriendo por la emergencia para conseguir lo que el hospital no tiene, pero que alguien debe tener en stock; en pocas palabras, una clínica de las más caras, mas bonitas y mas irreales del mundo. 
El año pasado hice mi internado, casi todo el año en el Hospital Nacional Cayetano Heredia y como buena perucha que soy, no tenía colegio médico porque los internos no son nada más que los sirvientes del hospital a sueldo muy mínimo, a veces sin sueldo (para qué no te sacas buenas notas pues te dicen), sirven para convertirse en lo que el residente les pide (conviértete en tubo endotraqueal porque la enfermera no me quiere prestar uno y el paciente se me muere), corre, corre mucho, consigue todo, tramita por los pacientes que vienen sin familiar, se mecha con el técnico del laboratorio que no le quiere dar el resultado del hematocrito que sale en menos de 3 minutos, putea al borrachín que llegó cortado y se quiere largar porque no tiene plata, no duerme nunca para que el residente si, qué no hace el interno en un hospital del estado, en condiciones infraumanas y muy poco salubres. Bueno, les diré lo que no hace el interno: no se gilea al choro que llegó a la emergencia, no se chapa al paciente porque es famoso, jamás esta peinado porque la vida intrahospitalaria no se lo permite, no cambia los resultados de un borrachín que atropelló a alguien, no espera a que llegue el residente para evaluar al paciente que llega en estado deplorable y al borde de la muerte, en otras palabras, sin el interno el hospital colapsa.
En un hospital del MINSA no existe tal cosa como el "star de médicos", existe tal vez una habitación oscura, chiquita, bochornosa, cochina con su camarote viejo de metal oxidado, siempre destendido, que apesta a la comida de la guardia de la semana pasada que nadie botó al tacho, donde a veces, el residente puede entrar a echar una pestañita, el interno casi no, solo si se lleva muy bien con el residente o el asistente o hay dos internos de guardia y el otro no esta haciendo nada. La refri es para los medicamentos que requieren temperaturas bajas, las pichis, los líquidos cefaloraquídeos, las laminitas del helecho que esperan a que el esposo pague la prueba que cuesta solo 5 soles, las muestras de sangre que igual que las laminitas de los helechos, aún no han sido canceladas, y por ahi que la gaseosita del residente, la comida de la enfermera y la lonchera del interno. Si quieres agua, anda compra, de donde vamos a sacar bidones de agua San Luis con sus vasitos descartables para los que tengan sed y no puedan salir de sala de operaciones hasta las mil de la madrugada, si ni siquiera alcanzan las camillas de la emergencia para la gran demanda de gente enferma y accidentada que llega a las emergencias todos los días del año. 
Así se vive el internado y la residencia en los hospitales del Perú, durmiendo sentado en una silla al lado de la cucaracha hasta que llega la enfermera y te bota porque ella también quiere dormir y tiene más años que tú en el hospital. 
Y bueno si, los médicos cometemos errores a veces, digamos que a alguien se le olvidó el cálculo de dosis del medicamento y se lo da calculando no más o se le pasó un astillamiento de tibia en el paciente policontuso porque la placa no estaba bien tomada (excusa que ya cansa), pero no suturamos un abceso que ha sido drenado, por ejemplo. Cosas así son las que me han llevado a detallar mi disgusto por una serie que sería bastante graciosa para cualquiera de repente, pero para mi no. 
No pasé 7 años con la cara enterrada en libros para que un día, alguien que jamás piso un hospital en su vida decida que puede entretener al público parodiando tanto sacrificio mío y de otros como yo pues, carambas! Habrá más al respecto probablemente, pero por el momento me retiro a hacer algo mucho más útil con mi tiempo, como dormir por ejemplo.