sábado, 10 de abril de 2010

salí de paseo.

Salí con Ania porque andaba con las malas vibras. Pucha es que me hacen enojar pues, también que una se levanta con la mejor disposición y le vienen a decir que... bueno, en fin, salí con Ania pues.
Sacar al perrito te ejercita la espalda y los brazos, los biceps y triceps principalmente por esto de que casa que avanza, casa en la que se queda olfateando pichis. Qué demonios tienen los perros con las pichis ajenas ah? Aunque bueno, para lo que hacen durante el día, para ellos debe ser algo así como ver televisión, ve tú a saber.
Sacar al perrito te da compañía y te inhibe a cuanto engendro grosero fueras a cruzarte en el camino porque el perrito que yo tengo es en verdad perraso, gracioso de cierta manera porque te cruzas con una persona "x" en el camino que desde lejos lo mira con cara gu gu gu que buñito el... AAAAAAAAY MAMA!!! porque Ania cree que todos son sus amigos y han salido a la calle para jugar con ella y por educación no se queda corta (kiss kiss hug hug).
Lo gracioso fue que regresando a la casa, ya más tranquilas las dos, 3 pequeños y curiosos animalitos del tamaño de mi puño se abalanzaron sobre la reja que los contenía para matarnos del susto a punta de ladrido-puta-madreadas. Pobre Ania que se pegó el susto de la vida, las 3 ratas juntas no hacían una Ania y descaradamente estaban ladra que te ladra en su cara pelada. Nos desconcertamos las dos pues, qué esperas también, ella se quedó mirándolas con cara de cojuda, luego me miró a mi, luego a las ratas esas, luego a mi y luego siguió caminando pero de cuando en cuando volteando la cabeza hacia atrás por si acaso, no vaya a ser que se suelten y se le vayan encima esas criaturitas que bien podrían estar cargadas de bichitos, rabia, tétanos, distemper, moquillo, o de pura envidia no más, vaya usted a saber.
Ya en la casa, me saltó encima, me pegó una buena lamida en la cara, me pisó el dedo gordo del pie y me lo arañó un poco también, supongo que para que no vaya a pensar que es una cobarde o algo por el estilo; qué te crees, tiene su orgullo la condenada...

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