viernes, 2 de enero de 2015

tránsito.

Aprovechando el feriado me fui a la casa de playa de un amigo. Sólo de ida he visto como 8 accidentes en la Panamericana Sur. El primero fue en vivo. Obviamente toda la carretera congestionada porque siempre a todo el Perú se le ocurre dirigirse al mismo sitio a la misma hora y con tanto choque, imagínate no más el infierno que era la carretera.
Y así con tanto congestionamiento que hacía que la velocidad promedio fuera de 10 km/ h, un carro bajó la velocidad progresivamente y el de atrás simplemente se le empotró en la retaguardia. A ese mismo se le empotró otro en la retaguardia también y como fin del 1er acto, como para un coffee break y retomamos, un motociclista casi se introduce a la maletera del último carro.
Unos 10 km más adelante, otro en proceso de rescate, nada aparatoso, de hecho nadie se había muerto ahí. La velocidad de los carros comenzaba a disminuir a medida que avanzábamos; dos choques más con bomberos ostentando sus camiones de rescate y su sacrificio voluntario y desinteresado, me hicieron entender que 1: nunca hubo justificación para tanto accidente, con un tráfico tan pesado bien yuca que un carro se estrelle a más de 20 km/h, y 2: la curiosidad mató al gato.
Y por gato quiero decir: todos esos idiotas que sobreparan por si acaso logran ver al muertito, a ver si toman su foto para mandarla a RPP o El Comercio, por ahí que se hace viral y me hago famoso, a ver si salen en el fondo cuando hay cámaras de televisión estorbando el escenario. La curiosidad mató al gato porque de tanto sacar el hocico por la ventana, no ven al de adelante y crash!, topetón en cadena.
Para el cuarto accidente la velocidad de todo el mundo había bajado a 3 km/h porque era un 2 x 1, completamente aislados pero a menos de 200 metros uno de otro. El primero tuvo su muertito de todas maneras, hubieras visto el parabrisas con sus manchitas de sangre y todo. Muertito idiota, de los que ponen a la raza humana en peligro de extinción por hacer tantas estupideces porque murió atropellado debajo de un puente peatonal. Y así hasta llegar a 7 u 8 accidentes,  tan seguidos estaban que la carretera parecía una disco con tanta lucecita de ambulancia y grúa.
Es la primera vez que voy con miedo en la carretera, obviamente, qué quieres que haga si aparentemente los más animales salieron de sus casas justo ese día y se hacinaron en la Panamericana.
De regreso idem, ya menos eso si, pero varios a punto de ocurrir como el de la mamá parada en la verma central pretendiendo cruzar con su chibola de 6 entre velocidades de 100 - 150 km/h o el del motociclista que iba a por lo menos 150 km/h y pasó entre nosotros y un camión con escasos centímetros que lo separaban de los dos vehículos.
De ahí me enteré de esto:


que fue más o menos cuando volví a perder mi fe en la humanidad. Resulta que el bus se metió al carril contrario para adelantar sin tener consciencia de que podría haber otros manejando tranquilamente en el carril que les corresponde. Imprudencias como esta me han tenido al borde del infarto ida y vuelta, porque tu te cuidas bien bonito al manejar sin haber chupado, manteniendo la velocidad límite que indican las señales de tránsito, respetando todas las reglas para que al final un cagón de estos, ya sea chofer de bus, motociclista que vive con la adrenalina a flor de piel, gato curioso o madre de familia que le enseña a su hijo desde chiquitito que para ahorrar tiempo y consumo de calorías mejor es cruzar debajo del puente, destruya vidas inocentes como los que están adentro de esa foto. 
Se consciente, causa. Si te quieres matar aviéntate de un edificio bien alto, ese no es mi problema, pero si es mi problema cuando por tu culpa podría quedar atrapada entre los fierros retorcidos del carro luchando por mi vida o muerta como tantos otros dentro de las últimas 48 horas. 

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